Qué no debes hacer nunca con unas alpargatas si quieres que duren más
9 junio 2026
Las alpargatas están hechas para acompañar el verano con ligereza, frescura y comodidad, pero también son un tipo de calzado que necesita ciertos cuidados para conservarse bonito temporada tras temporada. Saber cómo no estropear unas alpargatas es casi tan importante como elegir bien el modelo, porque muchas veces no se dañan por el uso, sino por pequeños gestos cotidianos que acaban afectando a los materiales, la forma o la pisada.
Una alpargata bien hecha no exige grandes rituales ni productos imposibles. Pero sí pide algo muy sencillo: tratarla con un poco de sentido común. Sobre todo cuando hablamos de yute en alpargatas, tejidos naturales, pieles, serrajes o acabados delicados, materiales que agradecen una limpieza suave y una conservación adecuada.
En Juncal Aguirre creemos que cuidar una alpargata también es una forma de valorar todo lo que hay detrás de ella: el diseño, los materiales y la fabricación artesanal de alpargatas, donde cada par pasa por manos expertas antes de estar listo para acompañarte.
Cómo no estropear unas alpargatas: el primer error es mojarlas demasiado
Uno de los errores más habituales es mojar las alpargatas en exceso. Y aquí conviene ser clara: una alpargata no debe tratarse como una zapatilla deportiva.
Aunque muchos modelos están pensados para un uso diario intenso, la humedad sigue siendo uno de sus principales enemigos, especialmente cuando la suela incorpora yute o fibras naturales.
Caminar durante mucho tiempo bajo la lluvia, empaparlas por completo o lavarlas bajo el grifo puede provocar que la suela pierda firmeza, se deforme o que algunos materiales se endurezcan.
Esto no significa que haya que vivir con miedo a una gota de agua. Significa evitar los excesos. Si se manchan, lo mejor es retirar primero la suciedad superficial, utilizar un paño ligeramente humedecido cuando el material lo permita y dejar que se sequen de forma natural.
El problema casi nunca está en una pequeña mancha. El problema aparece cuando intentamos solucionarla como si la alpargata fuera de goma, plástico o lona industrial.
No las seques al sol fuerte ni cerca de una fuente de calor
Otro gesto aparentemente inofensivo es dejar las alpargatas mojadas directamente al sol fuerte, junto a un radiador o cerca de una fuente intensa de calor.
El calor agresivo puede endurecer ciertos materiales, alterar el color y hacer que algunas partes pierdan flexibilidad. En el caso del yute, además, puede afectar a su aspecto y estructura.
Lo ideal es dejar que el calzado se seque de manera natural, a temperatura ambiente y en un lugar ventilado.
Puede parecer más lento, pero también es mucho más respetuoso con el zapato. A veces los atajos que parecen prácticos son precisamente los que más acortan la vida de una alpargata.
Evita los productos agresivos al limpiarlas
Cuando una alpargata se mancha, la tentación de utilizar detergentes fuertes, quitamanchas o cepillos duros es comprensible. Queremos arreglarlo rápido. Pero no siempre lo rápido es lo mejor.
Los productos agresivos pueden alterar el color, dañar las fibras, levantar acabados o dejar cercos difíciles de corregir. También pueden cambiar la textura original del material, especialmente cuando hablamos de tejidos naturales, serrajes o pieles delicadas.
Normalmente funciona mejor empezar con un cepillo suave o un paño ligeramente húmedo y movimientos delicados. Siempre conviene tener en cuenta el material concreto del modelo antes de aplicar cualquier producto.
La clave está en limpiar sin castigar.
No las guardes de cualquier manera
Saber cómo no estropear unas alpargatas también implica prestar atención a cómo las guardamos.
Muchas veces el problema no aparece mientras las llevamos, sino cuando pasan meses dentro de una bolsa cerrada, en un rincón húmedo o aplastadas debajo de otros zapatos.
Deben guardarse limpias, completamente secas y en un lugar ventilado. Si quieres protegerlas entre temporadas, puedes utilizar una bolsa de tela o su propia caja, evitando colocar demasiado peso encima para que conserven la forma.
Es un gesto pequeño, pero marca una gran diferencia cuando llega el siguiente verano.
Deja descansar el calzado
Las alpargatas cómodas tienen un pequeño peligro: cuando encuentras unas que te gustan de verdad, quieres ponértelas continuamente.
Y eso es buena señal.
Significa que funcionan, que acompañan y que puedes caminar con ellas sin estar pensando constantemente en tus pies.
Pero incluso el mejor calzado agradece descansar. Alternar diferentes pares permite que el interior se airee y que los materiales recuperen su estado natural después de una jornada larga, especialmente en épocas de mucho calor.
Si buscas precisamente esa sensación de comodidad sin renunciar a vestir bien, puedes descubrir nuestra selección de alpargatas de mujer, con diferentes alturas, materiales y formas.
La belleza de una alpargata también está en cómo envejece
Hay algo bonito en los productos bien hechos: no necesitan parecer nuevos eternamente para seguir teniendo valor.
Una alpargata puede acompañarte en paseos, viajes, cenas de verano, días de trabajo y escapadas improvisadas. Con el uso adquiere vida.
Pero una cosa es el paso natural del tiempo y otra muy distinta el deterioro provocado por un cuidado inadecuado.
Cuando sabes cómo cuidar una alpargata consigues que envejezca mejor, mantenga su forma y conserve durante más tiempo esa sensación agradable que hizo que quisieras ponértela una y otra vez.
Cuidarla no significa obsesionarse. Significa darle la atención lógica que también darías a una prenda especial de tu armario.
Porque cuando una alpargata está bien hecha, la mejor señal de que has acertado no es conservarla intacta dentro de una caja. Es querer volver a ponértela cada verano.